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martes, 5 de mayo de 2015

Lo que no es Arqueología (Desde que el mundo es mundo)

Hace tiempo que no actualizo el blog por motivos puramente profesionales.

Esto puede ser una contradicción y sin embargo no lo es. Aunque ciertamente desde hace un tiempo me siento cansado de comprobar como desde plataformas como estas uno no pueda llegar a donde desea, por más horas y esfuerzo que uno lo eche. Creo que en gran medida los blogs son una buena fuente de información para aquellos que buscan información sobre los temas más o menos amateurs, poco profesionales, puramente snobs, temas que rechazo completamente y que me niego a darles cobertura alguna.

Curiosamente, los post más visitados son aquellos que el lector considera que trata esos temas, con grandes exabruptos en los comentarios (que siempre evito publicar) cuando comprueban que no es así y que aquí no van a encontrar aquello que desean que se les cuente.

Por eso entiendo que ser redactor amateur de un blog de arqueología que pretende ser didáctico a la vez que "serio" debe ser considerado una profesión de riesgo hoy en día.

El problema no es que Internet esté profusamente copado por páginas donde inventándose una Historia al gusto del consumidor donde dar pábulo a cualquier teoría por más descorazonadamente alucinante que sea se tenga un alcance inaudito y haya seglares que defienden esas teorías a capa y espada, no. El problema es que sólo con artillería mayor (informativamente hablando) puede llegar a combatirse y digamos neutralizarse ese problema.

Sigo creyendo que la falta de cultura se combate con empeño y dedicación, aunque haya casos que no se puede tratar por contagio (o autoconvencimiento) excesivo.

Por ello y por suerte, tengo la oportunidad de pasar a otra división y exponer mis puntos de vista en un proyecto literario que será en su día editado por JAS Arqueología y cuya edición y publicación publicaré aquí si no decido echar el cierre a Antigüedad y Arqueología y buscar otras líneas de frente menos directas y absorbentes que esta.

Porque, sí, cada vez estoy menos convencido de que este blog sea la manera apropiada de alcanzar aquello que busco. Aunque no me canse de declarar por activa y por pasiva que la Historia y la Arqueología sean materias que merecen un hueco mayor en la cultura de la gente, y posiblemente de ese pensamiento nadie me bajará jamás, sí creo que este no es el medio, ni la difusión, ni el público.

Quizás hoy sea un día no demasiado bueno, o quizá sea el día del convencimiento. En cualquier caso creo que hay cosas demasiado populares que no son Arqueología, y que estos problemas existen desde que el mundo es mundo.

Hasta ahí llego.






domingo, 8 de marzo de 2015

El impacto III ¿Quién manda aquí?

La estratificación jerárquica de las civilizaciones prehispánicas, sus excesivo culto a la élite y las enormes desigualdades evitaron una respuesta unívoca de los distintos pueblos a la hora de rechazar al enemigo extranjero.

Sociedades tribales demasiado extendidas en el tiempo


En el artículo anterior habíamos catalogado a las sociedades prehispánicas como pueblos "débiles", y en este texto trataremos de explicarlo. Toda cultura surge de un entorno tribal en que la jerarquía se estructura desde lo más veterano a lo más joven, los consejos de ancianos en torno a las hogueras, donde las generaciones futuras recibían el saber ancestral y las leyes por las que siempre se habían regido. 

Estatuilla de jefe tribal prehispánico. Imagen by Jose Manuel Peque


Conforme ese pueblo avanzaba y se hacía más grande, e interactuaba con otros seres humanos no siempre con intenciones inofensivas, necesitaban de liderazgos fuertes que les llevaran hacia la permanencia y la victoria. En Europa ese estado de civilización se superó muy pronto, quizás ya en la edad del Bronce o a principios de la del Hierro esos grupos tribales con la preeminencia de un líder teocrático que ejercía su poder completamente al margen del resto de su pueblo ya estaban finiquitados o en proceso avanzado de ser sustituidos por sociedades aún personalistas pero con un sentido más "igualitario" (valgan las comillas) en la forma que la desaparición del líder no implicaba la desaparición de su pueblo ni de la moral combativa de este. Quizás el componente psicológico de los grupos humanos europeos fuera más recia y belicista ( dicho esto sin ánimo de crear una falaz discusión sobre qué raza es superior a la otra, no es este el tema, ni es la discusión) que los que habían explorado, poblado y repleto de culturas fascinantes y maravillosas América milenios antes. 


Atrapados por un modo ancestral de entender el mundo

El caso es que, debido a su forma de interrelacionarse con el entorno, su modo de entender los conflictos armados, o por la imposibilidad material (no intelectual por supuesto) de desarrollar tecnología superiores, las civilizaciones prehispánicas permanecieron en el estado de estructural tribal avanzada durante toda su existencia, y desarrollaron una fuerte jerarquía en la que el líder y su familia, junto con los sacerdotes de los templos de los dioses principales, y algunas afortunadas familias de nobles eran los únicos elementos sustentadores del conjunto y los únicos que les daban entidad real como pueblo, y si estos faltaban rápidamente otros les sustituían, y todo continuaba como antes. 

Las coronas de plumas, así como multitud de adornos corporales, eran símbolo de las élites dirigentes. Imagen by Jose Manuel Peque


No existía ni siquiera una conciencia de permanecer a una misma cosa, ni siquiera en el Imperio inca. De hecho, el término "inca" se usaba para referirse, sí, a la élite dominante del Tihuantisuyu, nada más. Aunque tampoco el término de imperio es el apropiado, más bien era una confederación de pueblos que eran vasallos y rendían tributos a los más poderosos de todos ellos que eran quienes habitaban la región de Cuzco y buena parte del altiplano andino. Por eso, no resulta difícil de entender que tras la prisión y muerte de Atahualpa el imperio inca se disolviera como un azucarillo en el agua, y todos los intentos posteriores de restaurarlo fueran aplacados sin mucha dificultad. Algo parecido sucedió entre los aztecas, aunque el beligerante pueblo mexicano sí conoció otro Uey Tlatoani tras la muerte de Moctezuma, Cuauhtémoc, que fue quien expulsó a los españoles de Tenochtitlán durante la "Noche Triste" y recuperó, durante un breve periodo de tiempo el control sobre su pueblo. 

Colaboracionistas y vencidos


Es cierto sin embargo que pese a la enorme superioridad militar europea,  los aztecas no hubieran sido sometidos con la relativa facilidad con que lo fueron sin la inestimable ayuda que Hernán Cortés encontró en los pueblos rivales de los mexicas: esencialmente fue crucial la colaboración de los tlaxcaltecas, totonacas y tepanecas, que lucharon junto a los españoles como si fueran un conquistador más. Y sin embargo eso no los produjo un gran beneficio posterior.

El oro entre las sociedades prehispánicas era un símbolo de poder y de divinidad. No se usaba jamás como moneda de cambio. Imagen by Jose Manuel Peque.


Aquellos pobres pueblos, los que habían colaborado y los que habían sucumbido por su fuerza pronto conocieron las intenciones de los nuevos dominadores, y muchos pronto se arrepentirían de haber prestado ese apoyo. Las epidemias de enfermedades como la viruela redujo la población indígena a menos de la mitad en un plazo de tiempo realmente corto. Los trabajos a que eran sometidos en los cultivos y en las minas del maldito oro y la aborrecible plata eran realmente extenuantes, y pronto muchos desaparecieron, y tuvieron que ser sustituidos por esclavos venidos del África Negra. La fortaleza poblacional americana languidecía, y vinieron malos tiempos. Pero esa es otra historia. 

lunes, 2 de marzo de 2015

El impacto (II) "No te entiendo"

Seguimos con nuestra visión acerca del mundo prehispánico por parte de los conquistadores españoles.


Un contacto marcado por la incomprensión mutua


Ya hemos adelantado en el articulo anterior cómo los indígenas de Guanahani, al ser preguntados por los hombres de Colón acerca de cuál era el nombre de la tierra que pisaban, estos les respondían que no les entendían, lo que ocurría era que como los que les preguntaban tampoco lo hacían a ellos creían que les estaban respondiendo a su pregunta. Esta fue una cuestión que se repetiría varias veces a lo largo de la historia del descubrimiento del continente americano y su conquista, como por ejemplo cuando en 1517 Francisco Hernández de Córdoba descubrió Yucatán y preguntó a los mayas que fueron a recibirle cómo se llamaba aquella tierra, recibiendo esa palabra por respuesta. Efectivamente, "Yucatán" en maya significa "No te entiendo"

Ese desconocimiento mutuo marcó todas las relaciones que mantuvieron los pueblos autóctonos con el conquistador europeo. Unos se horrorizaban al contemplar los sangrientos rituales de sacrificios humanos y los actos de canibalismo y los otros no entendían por qué ellos no comprendían que para su forma de entender el mundo eran esenciales para que la vida siguiera existiendo. Y que el canibalismo en cierto modo era una forma de aprovechar la energía vital del enemigo, absorbiéndola y sumándola a las suyas propias.

Fragmento del Códice Tro - Cortesiano. La escritura prehispánica se regía por carácteres pictóricos y no  líneales. Imagen by Jose Manuel Peque


Por su parte, los indígenas no entendían por qué los extranjeros se empeñaban en creer que existía un único dios, cuando para ellos era evidente que cada aspecto de la vida y del mundo tenía su propia divinidad y era oportuno seguir los cultos propicios para tenerlos satisfechos a cada uno de ellos. Tampoco entendían su fijación por un libro lleno de garabatos sin sentido cuando sus códices ilustrados y sus leyendas orales contenían todo el saber religioso y político que durante generaciones los viejos sabios habían contado a sus descendientes. Ante esto los españoles creyeron que los "indios" eran sumamente incultos y analfabetos, pero la realidad era que sí poseían el don de la escritura, y muchos tenían una cultura extraordinaria, pero codificada de un modo muy distinto al suyo.

Divinidades demoníacas

A pesar de esa supuesta "incultura" nativa, los conquistadores se vieron en más de una ocasión sorprendidos por el alto grado de similitud con el cristianismo que los indígenas demostraban en alguno de sus cultos, como poseían divinidades como diosas de la tierra que en muchas de sus atribuciones resultaban similares a la Virgen María (y cuya liturgia pronto fue asimilada a esta) y que no desconocían tampoco la idea de un dios superior a todos los demás (aunque ellos no le ponían nombre ni tampoco le hacían un honor especial; generalmente solía ser el dios fundador de cada tribu o ciudad)

Escena de canibalismo desde el punto de vista de un europeo. Dibujo presente en el Museo de América de Madrid. Imagen by Jose Manuel Peque



Sin embargo que algunas de estas deidades, como el azteca Huitzilipochtli o el maya Kukulkán, exigieran como ya se ha dicho sacrificios humanos para otorgar favores hizo que los europeos creyeran que los nativos americanos habían sido corrompidos por demonios y realizaron una cruzada religiosa sin antecedentes que llevó a miles de inocentes a la hoguera, y al 95% de los documentos escritos a la destrucción total. Sólo aquellos pocos afortunados que lograron huir y conservar una ínfima parte de la sabiduría que su pueblo había almacenado durante eras pudo seguir honrando a sus divinidades como siempre había hecho.

Profundamente creyentes y hasta cierto punto indolentes, los nativos que sobrevivieron a esa persecución salvaje, a las enfermedades que los europeos habían traído consigo y a los esclavizantes trabajos que les hicieron realizar, abrazaron de tal forma la fe católica que hoy en día América Central y del Sur es el lugar del mundo donde más católicos fervientes y practicantes existen hoy en día.

Acostumbrados al dominio

Una de las razones que pueden explicar esa condición derrotista (que fue otra de las causas que provocaron una relativamente fácil conquista de grandes extensiones de territorio americano por parte de los españoles) era que las sociedades nativas estaban siempre orientadas hacia la cabeza visible que las gobernaba, y si esta cabeza cambiaba de manos y de dueños, el resto de la sociedad lo hacía con ellas. Eran pueblos tan sumamente jerarquizados y "acaudillados", tan convencidos de que el poder efectivo sólo lo podían ejercer unos pocos, tocados por el mandato de sus dioses, y que cualquier alteración de esto podía llegar a acabar con el orden en el mundo, que a los españoles les fue sumamente fácil, desde el poder, dirigir a esos pueblos y llevarlos hasta donde sus necesidades, creencias y principios les ordenaban hacerlo.

Dibujo de guerrero mexicano, presente en el Museo de América. Imagen by Jose Manuel Peque


En ese sentido eran culturas débiles e infantiles, fáciles de derrotar. Pero para explicar aún mejor esto necesitaremos de otro artículo dentro de este trabajo. 







domingo, 1 de marzo de 2015

El impacto (I): La percepción del Otro durante el descubrimiento y ruina de América

Empezamos una nueva serie en este blog dedicado al descubrimiento y conquista de América. En esta primera parte realizamos un perfil conciso de la percepción que tuvo el europeo de los nativos americanos

Aclaración antes de empezar

Este blog tiene una línea editorial muy concreta y llamamos a las cosas según las percibimos, o según como pensamos que es el relato histórico de unos hechos de los que no nos enorgullecemos. Y porque consideramos como cierto que, pese a que muchos de esos pueblos eran igual de destructores de culturas ajenas y de imperialistas que los propios españoles, no podemos dejar de considerar que la llamada conquista de América no fue otra cosa que la destrucción de un mundo que había evolucionado de forma independiente al resto durante miles de años.

El continente insospechado

Cuando Cristóbal Colón tomó tierra el 12 de octubre de 1492 en una isla que creyó que era llamada por los nativos Guanahani (que simplemente significaba en idioma taino "No te entiendo") pensó, y lo hizo hasta el día de su muerte, que había descubierto una ruta occidental hacia Cipango (Japón)

Eso es lo que aún dice la historiografía oficial, aunque actualmente existen grandes dudas al respecto. En cualquier caso, lo supiera Colón o no, aquel día fue descubierto un Nuevo Mundo, un continente inmenso, repleto de regiones y climas diversos, que miles de pueblos habían hollado mucho antes de la llegada de los castellanos (sigue creando polémica la fecha en la cual el primer ser humano pisó tierra americana)

Vasija huari. Imagen by Jose Manuel Peque


Un continente en el cual no habían existido las conmociones sociales, religiosas y políticas que habían alterado a Europa y Asia hasta el punto de convertirlas (ya en el siglo XV) en un enorme tablero de ajedrez en el cual los países más poderosos trataban de formar su emporio comercial y político y en el que se mataba o desterraba a alguien por el simple hecho de no pertenecer a tu religión (o a tu forma de entender tu misma religión)

En algunos casos, hasta se abandonaba países y se les condenaba a la destrucción por vivir en un permanente territorio de nadie (como le ocurrió al infausto Imperio Bizantino)

América no había pasado por nada de eso, lo que no quiere decir que en ella no se hubieran vivido episodios bélicos que debieron ser terribles, como la guerra entre las ciudades de Tiahuanaco y Wari, las de los chimúes con estos últimos, o todas las que los diversos pueblos del Occidente y centro de México sostuvieron unos contra otros hasta la misma llegada de los europeos. De hecho, esa situación de conflicto permanente favoreció mucho el trabajo de Cortés y Pizarro en México y Perú, respectivamente.

Escultura chimú. Imagen by Jose Manuel Peque


Sin embargo, entre los pueblos americanos las razones del conflicto eran más bien litúrgicas, comerciales, que el simple ansía de acumular territorio y riquezas. Eran culturas que desde su origen pensaban que sólo la sangre podía permitir que el mundo siguiera su curso, y por ello sus guerras ( guerras "florales", las llamaban) estaban destinadas sobre todo a la recluta forzosa de carne de cañón para sus sacrificios humanos, evento que tanto escandalizaba a los europeos y que por ello tildaron todas las creencias nativas como "obra del demonio" y que provocó que por eso mismo los misioneros y los enviados de la Inquisición no tardaron en "purgar" todos aquellos documentos escritos que tuvieran relación con cualquier clase de culto religioso, condenando así a las generaciones futuras al desconocimiento casi completo de muchas culturas prehispánicas.

Salvajes y perdidos


De aquella "quema" (literal) se libraron muy pocos textos. Los trabajos arqueológicos han permitido rescatar parte de ese conocimiento destruido, y a día de hoy somos capaces de establecer un cuadro cronológico más o menos fiable, y podemos establecer las características principales de las culturas que estaban establecidas en el continente a la llegada de los españoles (incas, mayas, aztecas, zapotecas, mixtecas, purépechas, tlaxcaltecas) Pero igualmente sigue sin conocerse gran cosa acerca de decenas de pueblos que también tuvieron su relevancia en algún momento histórico del continente americano.

Escultura de Xipe Tótec, el dios de la regeneración de los teotihuacanos. Era una divinidad a la que se le consagraban sacrificios humanos. Imagen by Jose Manuel Peque.

Efectivamente, costumbres como los sacrificios humanos, el canibalismo de pueblos como los caribe, el hecho de que, por no sentir el pudor católico, los indígenas lucieran generalmente desnudos o en paños menores, sus religiones politeistas y sus hábitos tan alejados e incomprensibles para los europeos, crearon una concepción del conquistado por parte del conquistador como el de una Humanidad perdida, salvaje, brutal, inculta, impía, hereje. Nada más lejos de la realidad, como veremos en la segunda parte de este trabajo 


jueves, 26 de febrero de 2015

Cuando la religión y la locura fanática destruye el pasado.

No pretende este artículo ser un ataque contra el Islam ni contra ninguna otra religión de las que actualmente predominan en el mundo. Nuestra línea editorial, de hecho, está muy lejos de ese tipo de temática, en la que no podemos, ni queremos meternos. Sin embargo la brutal destrucción de los fondos asirios del Museo de Ninive de Mosul por parte del ISIS sí nos ha hecho hacer un conjunto de reflexiones acerca del por qué el fanatismo religioso puede llegar a ser tan dañino para el conjunto del Patrimonio Cultural de la Humanidad.


Ni la primera atrocidad, ni la última

En determinadas ocasiones hemos abordado en esta página varios de los problemas que aquejan a la divulgación y conservación del patrimonio arqueológico en la actualidad: la ignorancia, los intereses económicos y políticos, la simple desidia... y voluntariamente, por no querer abordar una cuestión tan peliaguda y susceptible para muchos como es la religión habíamos pasado por alto el tema de los destrozos ocasionados por los ataques fanáticos de grupos religiosos organizados. Sólo habíamos tratado el tema de la Biblioteca de Alejandría por el crucial (y fatal) efecto que tuvo sobre el conocimiento del mundo antiguo, con pérdidas irreparables y por ser un icono simbólico de hasta donde puede llegar la estupidez del ser humano.

Interior de la Biblioteca de Alejandría. Recreación de O. Von Corven (  Imagen extraída de Wikipedia)


Ataques al patrimonio histórico por parte de grupos religiosos han existido siempre. Cuando una civilización antigua se imponía sobre otra y ocupaba su territorio, una de las primeras medidas que tomaba era la destrucción de los restos de la cultura y la religión del pueblo vencido para sustituirlos por la suya. Precisamente los españoles hemos destacado en el pasado por ser los grandes destructores de las culturas prehispánicas para sustituirlas por la fe católica.

Sin embargo, hoy nos llama la atención ver a los mercenarios sanguinarios y fanáticos del ISIS cargar contra una cultura milenaria y extraordinaria como es la asiria y destruir, sin ningún tipo de consideración, estatuas, estelas y todo con lo que se cruzaba en su camino, en nombre de una supuesta autoridad moral dada por una lectura interesada y terrible de la ley coránica.

Una triste vorágine de consecuencias irreparables


Nos conmueve, porque es algo que ya hemos visto. Ya sucedió en Afganistán cuando los talibanes volaron los Budas de Bamiyán, o cuando después del triunfo de la revolución de la Plaza Tahrir decenas de energúmenos saquearon el Tesoro de Tutankhamón del Museo Nacional de El Cairo y destruyeron otras joyas milenarias por el simple motivo de no poder cargar con ellas. Algo parecido había ocurrido  también años antes, tras la caída del régimen de Sadam Hussein en Bagdad.

Lugar que ocupaba uno de los Budas de Bamiyán. Imagen by Sqamarabbas (Wikipedia)


No es un fenómeno nuevo, y sin embargo, resulta doloroso contemplar como todavía hay mentes que conceden a la religión un papel más importante que al conocimiento y el valor de las obras de los antepasados. Cuando alguien prioriza un asunto por delante del otro,  y más cuando el asunto relegado puede entrar en conflicto con el valor, o el dogma que se pretende realzar, ocurre lo catastrófico: y aunque no puede compararse con la muerte de seres inocentes (cosa en la que estos salvajes del ISIS tienden a recrearse a diario), la destrucción de patrimonio arqueológico es otra forma de terrorismo, más sutil, pero igualmente definitiva. 

Porque en casos en que la destrucción de obras únicas que suponen una pérdida de un valor patrimonial irreparable (aunque se reconstruyan o se copien después, ya no será lo mismo) no es el país quien pierde ese patrimonio, es la Humanidad al completo. Y ante eso desgraciadamente no hay solución pacífica ni violenta que valga.

Quizás lo peor de todo es que quienes realizan estos actos injustificables buscan precisamente eso, eliminar todo vestigio de cultura, ideología o tradición anterior para imponer, como ya hemos dicho en los párrafos anteriores, su bárbaro modo de entender la religión y el mundo.

Pero a su pesar y por suerte, por muy vandálicas y crueles que sean sus "acciones" jamás conseguirán su objetivo, ya que por suerte en los tiempos actuales es imposible borrar del todo una forma de entender las cosas o una idea. Es una guerra que tienen perdida.

domingo, 22 de febrero de 2015

Yaxchilán, la ciudad del cielo partido.

Una de las ciudades mayas más florecientes del periodo Clásico que sin embargo es más conocida por sus frecuentes cambios de nombre que por la importancia de su recinto.

Los mayas: antes cruciales, ahora relegados.


El universo maya, que tanta relevancia cobró con la paranoia creada alrededor del final del calendario de la "cuenta larga" en el año 2012 y que hoy en día parece haber perdido toda su importancia (cosa de los creadores de agit - prop de los medios de comunicación) fue una de las culturas urbanas de Mesoamérica más destacadas después del eclipse olmeca y que convivió con la gran cultura del centro de México, el primer reino nahuátl, que tuvo su base en Teotihuacán. (N d. A: decimos cultura y no civilización, porque aunque las diversas ciudades mayas compartían los principios de una misma "ideología" social, política y religiosa, jamás mostraron la unidad como nación y la cohesión territorial necesaria como para considerarse una civilización como identidad)

Templo de las inscripciones de Palenque. Imagen by Harenb01 (Wikipedia)


Conocemos los nombres de muchas de estas ciudades mayas, y algunas forman parte de la leyenda: Palenque, Tikal, Chichén- Itzá, Copán, Calakmul, Bonampak... y sin embargo hay otras menos populares y menos frecuentadas por los circuitos turísticos cuyos encantos sin embargo son tan interesantes como el de los grandes nombres anteriormente citados.

Ciudad de las piedras verdes y del cielo partido


Yaxchilán. Imagen by Jacobolus ( Wikipedia)


En la región mexicana de Chiapas encontramos una de estas joyas menos conocidas: Yaxchilán, "piedras verdes", la última denominación que le fue dada por sus diversos investigadores, pero cuyo auténtico nombre, descubierto hace poco en una de sus estelas, es el de Pa´Chan "Ciudad del Cielo Partido". Este lugar posiblemente fue fundado alrededor del año 300 de nuestra era, pero conoció su época de mayor auge sobre el 600, durante el periodo llamado Clásico Tardío. Fue en esta época cuando fueron edificados presumiblemente sus 21 altares sacrificiales y sus 59 dinteles conservados, así como también entonces debieron de ser redactados en ese tiempo sus estelas y textos jeroglíficos, cuyas traducciones parecen hablar de la historia de la ciudad y de la importancia que debió cobrar dentro del mundo maya de las tierras fronterizas entre México y Guatemala.

En el vídeo que colgamos a continuación, realizado por los investigadores del INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia) mexicano y disponible en el canal de Youtube de dicha institución, podemos ver resumidos apuntes sobre su historia e importancia dentro del contexto maya.




domingo, 15 de febrero de 2015

Ancestros divinizados y dioses de las cosechas.

Son numerosas, por no decir prácticamente la totalidad de las civilizaciones, las que en su estado primigenio adoraron a los antepasados y a las divinidades de las cosechas. Averiguamos por qué.

Ancestros divinizados y dioses de las cosechas

Esa gran época de transformaciones sociales y culturales que fue el Neolítico no comenzó precisamente con buen pie. En un primer momento las conglomeraciones humanas de forma estable en un asentamiento y un deficiente (por incipiente) desarrollo de la agricultura y la domesticación de animales propició que la que sería la época donde el progreso humano evolucionó con mayor rapidez hasta la llegada de la Revolución Industrial del XIX y la Revolución Tecnológica del XX se iniciara sin embargo con la propagación de diversas enfermedades y con problemas nutricionales. 

Por fortuna para la Humanidad esas dificultades se solventaron pronto, y sin embargo quizás ese fue uno de los motivos por el cual diversas comunidades volvieran a sus hábitos nómadas y otras tardaran más tiempo en acomodarse a la nueva situación. Lo que sí es seguro que todas aquellas vivencias tuvieron su impacto en el inconsciente humano y se reflejó en su religiosidad y creencias.

Estatuillas de ancestros africanos. Imagen by Jose Manuel Peque


Asimismo, la identidad familiar en las relaciones sociales y jerárquicas fue desde siempre tan importante que también desde sus orígenes existió una marcada tendencia a idealizar y divinizar a los padres y antepasados, y a rendírseles culto en las viviendas familiares (tradición que en Europa se mantendría hasta más allá del Imperio Romano)

Actualmente aún existen comunidades humanas, en lugares remotos de nuestro planeta, que siguen realizando estos cultos animistas.

Dioses del grano y del maíz 

Los cereales, alimento básico hoy en día y nutriente fundamental en la dieta de la Humanidad hasta fechas increiblemente recientes, fueron el alimento mayoritario para esas comunidades que habían abandonado los hábitos nómadas. Y la tarea de domar la tierra para hacerla plegable a las tareas agrícolas fue ardua y costosa. Por ello, los pueblos que lograron tener éxito en esa labor necesitaron buscar el apoyo divino para mantener los cultivos y tener cada año una cosecha lo suficientemente propicia para mantener y aumentar sus niveles de población. 

Desde los dioses del grano africanos hasta los dioses del maíz prehispánicos, o incluso las teóricas divinidades primigenias como la llamada Gran Diosa, y todos aquellos cuyos poderes recaían sobre la fecundidad de la tierra tuvieron su germen de esa necesidad imperiosa. Por eso no es de extrañar que podamos observar ejemplos de este tipo de cultos a lo largo y ancho del globo terráqueo.

Máscara africana que se empleaba en festividades de la cosecha. Imagen by Jose Manuel Peque


 Ese favor divino solía solicitarse de diferentes maneras: desde la simple plegaria y ofrenda individual que el campesino ofrece para el provecho de sus campos de cultivo hasta las festividades multitudinarias repletas de bailes y mascaradas, pasando incluso por los juegos rituales y los sacrificios humanos.



Utensilios para el consumo ritual de tabaco y otras sustancias alucinógenas. Foto tomada del Museo Nacional de Antropología. Imagen by Jose Manuel Peque



Y a veces los sacerdotes e iniciados deseaban ponerse en contacto con esas divinidades a través del consumo ritual de sustancias que producían estados alterados de conciencia, como ocurre incluso hoy en día en determinadas zonas del altiplano andino y de la foresta amazónica. En otros lugares del mundo, el consumo de té y otras hierbas aromáticas forma parte de un ceremonial muy cercano a lo religioso y espiritual.

Lecciones de ayer que deberíamos tener en cuenta para mañana


Todas estas ideas que hemos expresado brevemente se resumen  en que los miembros de las sociedades primigenias vivían conectados con su pasado, en forma del culto a los antepasados, y con el medio en que habitaban de una forma mística, y que de alguna forma entendían que ellos eran parte de un todo y que si descuidaban ese todo lo único que les podía sobrevenir era el caos, el hambre y la muerte. Y luchaban con los medios que conocían para tratar de evitarlo. Una forma de pensar que las sociedades urbanas de hoy en día parecen haber olvidado, cada vez con resultados más ejemplariza ntes y desastrosos.